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El peor enemigo de la alegría
“La felicidad tiene en altura lo que le falta en longitud” - Robert Frost
¿Quién de nosotros no se ha sentido en alguna ocasión pleno de alegría, lleno de entusiasmo y viendo lo difícil, fácil? Es un momento mágico, donde todo parece posible. Es la alegría… una fuerza vital que nos muestra el lado bondadoso de la vida.
generar momentos de alegría, disfrutar del estado que nos embarga y recargar nuestras pilas para lo que nos venga después. Para eso debemos poner a trabajar a nuestra inteligencia emocional… esa inteligencia que solo se produce cuando nos conocemos bien a nosotros mismos, cuando sabemos enfrentar nuestras emociones y ponerlas a trabajar a nuestro servicio. Eso nos permite pensar con una mayor claridad incluso en los momentos de presión.
Para disfrutar de la alegría hay que dejar de pre-ocuparse de las cosas que todavía no han sucedido y que posiblemente no sucederán. Lo que necesitamos hacer es ocuparnos de las cosas en vez de preocuparnos por ellas, ocuparnos de las cosas aquí y ahora y aprender a tomar distancia de las cosas y de nosotros mismos para adquirir una nueva perspectiva. Cambiar el observador que somos, desarrollar otras miradas.
Pero sobre todo… no dejes de reír; la risa nos llena de vida, nos fortalece, cambia nuestro estado de ánimo y nos permite ver desde otros ángulos los mismos problemas negativos de hace unos segundos e incluso encontrar soluciones. No dejes nunca de reír y encuentra siempre un motivo para regalar y regalarte una sonrisa.
Como usar las emociones a nuestro favor
“
Todos podemos enojarnos, eso es fácil. Pero enojarnos con la persona correcta, en la medida justa, en el momento adecuado, por la razón pertinente y del modo apropiado – eso no es fácil”
Aristóteles
¿Cuántas veces nuestras emociones nos ha jugado una mala pasada? ¿no recuerdas ocasiones en las que hubieras deseado decir o hacer otra cosa que aquella que hiciste llevada de un momento de arrebato? Estas y otras situaciones similares están en el armario de los recuerdos de muchos de nosotros y es por eso que a todos nos gustaría en ocasiones “no tener emociones” para no dejarnos llevar.. ¿no lo has pensado alguna vez?
La mala noticia es que no podemos no tener emociones… es algo innato al hecho de pensar y todos nosotros pensamos antes de actuar… la secuencia es sencilla: P>E>A>R: un pensamiento genera una emoción y desde esa emoción, actuamos y obtenemos un resultados .
Es precisamente por esta concatenación por lo que en los últimos años se ha hablado y se sigue hablando de la Inteligencia Emocional, algo que podríamos definir como “la capacidad de sentir, entender y aplicar eficazmente el poder de la agudeza de las emociones como fuente de energía humana, información, conexión e influencia” (en palabras de José Luis Hernández Cabrera, autor del libro “la inteligencia emocional aplicada al liderazgo y a las organizaciones”)
Se trata de aprender a usar la energía de nuestras emociones como motor de combustión de nuestro vehículo, es decir, de nosotros. Eso si, debemos ser conscientes que esta energía es la fuente mas poderosa de autenticidad y es por eso que necesitamos aprender a gestionar nuestra emociones porque la verdad emocional que uno siente se comunica por si sola en la mirada, en los gestos y en el tono de voz más allá de las palabras que decimos.
Las emociones, las sensaciones que tenemos nos sirven como señales, nos dan información vital, desde el corazón, que nos sirve para mejorar nuestra intuición y desde ahí mejorar nuestra capacidad de innovación y de construir relaciones de confianza. Por eso es fundamental aprender a “escuchar” a nuestras emociones y desde ahí, elegir: dejarnos llevar por ellas o canalizarlas con empatía para generar una mayor credibilidad.
Para empezar a entrenar esta habilidad hay una triple disciplina que ya hemos mencionado en alguna otra ocasión:
- aprender a reconocer y sentir las emociones en lugar de negarlas, esconderlas o no darles la mayor importancia
- prestar atención a la información interna que sobre nosotros mismos nos está dando esa emoción para saber hacia donde debemos mirar.
- canalizar la energía emocional hacia respuestas más productivas para con nuestros objetivos y relaciones.
Vale la pena empezar a entrenarlo porque como decía Jean Paul Sartre…”las emociones son el origen de transformaciones mágicas en el mundo”
Cuatro claves para gestionar el cambio (y IV)
““Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos.”Victor Frank
Para gestionar el cambio es necesario prestar atención a las reacciones emocionales que suscita.
Clave 4: Gestionar el cambio es gestionar emociones.
Los cambios consisten en una serie de hechos objetivos. Pero la reacción de las personas es siempre subjetiva. El impacto que se recibe depende de la percepción que cada cual hace de los hechos. Un cambio que produce una situación más insegura pero que ofrece más oportunidades, podrá ser percibido negativamente por parte de una persona que estima sobre todo la seguridad. Pero para otra más abierta a la novedad y más ambiciosa, ese mismo cambio puede aparecer como un reto positivo y estimulante.
En consecuencia esa diferente percepción es la que provoca en nosotros diferentes emociones que bien nos ayudan a avanzar o bien actúan como limitantes.
Hasta conseguir la adaptación al nuevo entorno, todas las armas que utilizan nuestras emociones son clave, para que los beneficios de su uso puedan disfrutarse cuanto antes.
Hoy sabemos que podemos gestionar nuestras emociones si nos lo proponemos. Es lo que la mayoría conocemos como Inteligencia emocional. Es un tema lo suficientemente amplio como para dedicarle una reflexión propia. Valga aquí como introducción un modelo simple de recordar para gestionar tus emociones: el modelo S.E.R.
- S = saber lo que siente
- E = entrar en la emoción ( darte permiso para legitimar tu emoción)
- R = reconducirla positivamente.
Ahora que ya disponemos de las principales claves para gestionar mejor el cambio ¿vamos a disfrutar del viaje?
Coaching para la transformación de un comercial
En una ocasión me contaba un amigo, profesor de una universidad de económicas, que en una de sus clases preguntó a sus alumnos cuantos de ellos querían dedicarse a la venta como carrera profesional y curiosamente nadie entre todos los alumnos quería ser vendedor. Es curioso porque en nuestro día a día todos somos vendedores, todos nos estamos vendiendo constantemente, en nuestro trabajo, en nuestras relaciones sociales, con nuestras parejas… podría decirse que quien no sabe venderse y vender ¡que poco sabe!

